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ISSN: 2244-8519        Año 2 No. 3: Septiembre - Diciembre 2013

LA TRANSFORMACIÓN UNIVERSITARIA: RETO DE LA UNIVERSIDAD EMERGENTE

emergente


Autor: Dr. Prof. Leonardo Atencio.

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Contenido:

Cultura corporativa y cognitiva de la Institución universitaria en el contexto de la Educación Bolivariana.

El protagonismo social: fundamento de una Institución universitaria emergente.

Los estudiantes y trabajadores universitarios, en cuanto actores sociales y productivos.

Complejo misional de la universidad emergente: educación formal y educación popular.

La comunidad vecinal y productiva, centro del quehacer pedagógico.

Universidad emergente y currículo.

El Proyecto Institucional factible, unidad operativa y curricular básica de la Universidad Emergente.

Retos Programáticos y Organizativos.

Referencias

Resumen:
El autor, de forma propositiva, plantea que la Institución Universitaria debe reflexionar en la real condición humana de los colectivos humanos que hacen vida en su seno, la universidad moderna, tradicional no ha advertido quizás, que sus docentes y estudiantes son individuos extrañados, alejados, distanciados, de lo que son sus orígenes sociales, la mayoría proceden de clases o sectores sociales muy modestos, pero la dinámica social y académica, cargada de individualismo, y fundada en una competencia excluyente, los ha ido separando de estos orígenes, al punto de que no se reconocen, ni social ni culturalmente, como integrantes de estos colectivos sociales originales.

Una nueva educación, democrática y popular debe propiciar un reencuentro, un reconocimiento de estas relaciones, consciente o inconscientemente soslayadas o negadas. Estudiantes y profesores están llamados a emprender un nuevo vínculo, orgánico, con la comunidad de la que forman parte, deben integrarse a través del intercambio humano, científico y cultural a esta colectividad, para volver a sus orígenes, para re encontrar su identidad y de esta manera hacer viable una transformación profunda de su condición humana y de la institución de la cual forman parte.
Descriptores: Pedagogía crítica, Nueva ciudadanía, Transformación universitaria.

Cultura corporativa y cognitiva de la Institución universitaria en el contexto de la Educación Bolivariana.
La comprensión de la realidad laboral y cognitiva prevaleciente en las corporaciones económicas, académicas y científicas de la cultura moderna, debe servir de base para una crítica profunda, a partir de la cual se pueda proceder a un aproximación intelectual en torno de esta realidad, desde una perspectiva trascendente, que vaya más allá de los análisis situacionales diagnósticos y más allá de la crítica dilettante, para orientar una praxis que consiga su debilitamiento y superación, el reto es construir una institución universitaria transformadora y revolucionaria. Una institución universitaria incluyente, democrática, participativa y productiva, corresponsable del accionar institucional del Estado ha de edificarse con base en una interacción social más amplia, más fluida. Se trata de tender puentes estratégicos para consolidar intercambios cognitivos y experienciales altamente gratificantes y enriquecedores entre los colectivos sociales y profesionales que la conforman como totalidad.

La premisa es esta: una institución incluyente y solidaria es posible, y promovería una familiaridad edificante, un acercamiento entre la vivencias experimentadas por sus actores, en sus entornos originales de procedencia, tanto en lo cultural, como en lo cognitivo, impactando positivamente en el crecimiento personal de todo el conjunto, sin distinciones académicas o sociales, y lo que es igualmente importante, permitiría desmitificar un orden de estamentos y jerarquías pensado para el conservadurismo social, en pro de la construcción de una sociedad fundada en la equidad, la conciencia social y el protagonismo colectivo.

Las preguntas fundamentales en torno a este proceso apuntan hacia la estrategia que se debe seguir para promover encuentros, objetivos y acciones comunes de todos los universitarios para que la transformación de la Institución como un todo, sea viable, sea concretamente posible, la clave, según lo entiende el autor, parece estar vinculada a la crítica y superación de la praxis académica excluyente y empobrecedora, antes descrita, en la que hemos incurrido todos los universitarios, atrapados como hemos estado hasta ahora, en una cotidianidad alienada y alienante, con base en una educación castrante y conservadora.

El protagonismo social: fundamento de una Institución universitaria emergente.
Venezuela está atravesando por un período de gran efervescencia social, expresión del agotamiento de un sistema político, social y cultural que se ha dado por denominar la Democracia Representativa. El ejercicio de la institucionalidad del sistema en su conjunto fue perdiendo vigencia y legitimidad, por el hecho de que las mayorías nacionales no tenían acceso a unos niveles decorosos de calidad de la vida, en lo que respecta al disfrute de los beneficios de su propio trabajo, al disfrute de servicios públicos eficientes y razonablemente económicos, particularmente en lo que respecta a vivienda, educación y salud, situación vivencial colectiva desconcertante, si se tiene en cuenta de que este País cuenta con unos ingresos petroleros lo suficientemente cuantiosos como para garantizar unos estándares de vida similares o superiores a los de los Países desarrollados del mundo.

La historia reciente de la República Bolivariana de Venezuela está muy marcada por una teleología consustanciada con las prescripciones de una Constitución, producto de un proceso constituyente, en el que estuvieron representados los diversos sectores del País, con base en un proceso electoral libre y soberano. Este proceso, que ha servido de ejemplo para muchos Países, fructificó en un texto normativo considerado uno de los más lúcidos del mundo en cuanto a su clara vocación democrática, inclusiva y participativa. Este producto, La Constitución de la República Bolivariana, fue sometido a consulta refrendaria y sancionado por la Asamblea Nacional en diciembre de 1.999.

La Constitución, pues, se convirtió en el gran punto de referencia para la Nueva República, pero en sí misma está lejos de ser el centro equilibrador, aliviador de tensiones entre los diferentes actores que conforman el todo social. Los cambios sociales no se decretan y mucho menos las revoluciones, el texto constitucional evidenció que el País se debate en profundas contradicciones, los grupos sociales antes privilegiados han opuesto una tenaz resistencia de la que se han hecho eco los medios masivos de información privados, nacionales y extranjeros, del otro lado se ubican vastos sectores de los excluidos y depauperados por la sociedad capitalista liberal, y una vasta representación de los sectores medios.

La explicación exhaustiva de este complejo y reciente proceso sociopolítico, aunque de gran interés, desviaría el objetivo central del presente artículo, lo que si se considera pertinente puntualizar es la emergencia de un movimiento social, en el que vastos sectores obreros, campesinos, vecinales y educativos se han ido progresivamente incorporando a los espacios de participación y protagonismo que la Constitución les garantiza, construyendo una plataforma transformacional que, con no pocos obstáculos, contratiempos, imperfecciones y vacilaciones, se enfila hacia la transformación profunda de la cultura, signada por el individualismo y la competencia, propia de la modernidad.

Estas manifestaciones del movimiento de lo real social han tenido una honda repercusión en la vida de la actual institución universitaria. La división social del trabajo universitario, con sus compartimientos impermeables de docentes, estudiantes, trabajadores administrativos, de servicios y obreros ha sido impactada de manera irreversible, tanto como que se ha dejado escuchar el insistente reclamo de la colectividad social y productiva de acceder a los espacios universitarios para hacerlos suyos, en el entendido de que deben estar al servicio del interés público.

Los estudiantes y trabajadores universitarios, en cuanto actores sociales y productivos.
El protagonismo social emergente ha arraigado en significativos sectores de los estudiantes y trabajadores universitarios, en especial de quienes emprenden funciones distintas a la docencia, estos actores esenciales de la vida institucional de la Universidad han sido tendenciosamente subestimados, en la sociedad moderna, tanto por las élites dominantes del País, como por sus voceros distinguidos en el medio de la universidad, como lo han sido históricamente las máximas autoridades universitarias.

Las premisas de esa exclusión son falsas: con respecto a los estudiantes, se le considera menores de edad, poco aptos para asumir responsabilidades de gente adulta, y poco capacitados intelectualmente, de tal manera que no son dignos de ser considerados seriamente como corresponsables del accionar académico de la Institución, como no sea para desempeñar el rol de depositarios sumisos de un saber académico, racional que está en poder de los privilegiados intelectuales, los docentes, que les imparten clases.

Ellos no serían otra cosa que alumnos, vocablo que en su acepción antigua significa seres "sin luz", cuya virtualidad es la de ser iluminados por el saber, gracias a los profesores. Esta percepción del estudiante universitario no es sólo arrogante y falaz, sino que lleva implícito un fuerte contenido conservador e inmovilizador, que debe ser desenmascarado y combatido desde la teoría y desde la práctica.

Por su parte, la valoración humana y profesional de los trabajadores no docentes, los que ejercen funciones administrativas y de servicios, gruesamente denominados empleados y obreros universitarios, son concebidos como actores con funciones auxiliares, son el soporte del accionar intelectual de los profesores. La praxis universitaria de la modernidad se ha encargado de minimizar, de subestimar, al igual de lo que concierne con los estudiantes, su potencial experiencial, cultural e intelectual, que tiene la virtualidad de enriquecer significativamente la praxis académica y cognitiva del conjunto.

Todos estos actores esenciales, excluidos y subestimados han empezado a reconocer sus potencialidades como protagonistas de la edificación de un nuevo País, en el doble escenario en el que despliegan su praxis, en su entorno vecinal y en el entorno profesional, que es la Universidad. Este cambio ha sido muy gradual y progresivo, no ha sido un parto expedito, es más bien un proceso incipiente, como lo es la Revolución misma. En este progresivo despertar se observan avances y retrocesos, pero la tendencia es irreversible, esto sectores van cobrando una verdadera conciencia de su condición de seres humanos individuales y colectivos, con un potencial humano, integral, muy significativo.

La Nueva Ciudadanía, consagrada en el texto de nuestra Constitución Bolivariana, marca la tendencia y señala el norte de este proceso de cambio, pero hay que advertir un pequeño gran detalle, este proceso de concienciación no es automático, supone una vivencia reflexiva y formativa muy intensa y profunda, a la cual es posible acceder por intermedio de la educación, pero no de la educación academicista, mediatizada y alienante, tal como ha sido la que ha brindado la modernidad capitalista, sino una educación nueva, revolucionaria, que va de la mano con la educación popular. Educación que es popular, porque precisamente se orienta a reconocer en la personalidad profunda de estos actores, su origen y procedencia social mayoritariamente consustanciada con los humildes, los excluidos, los depauperados por la economía liberal capitalista y partiendo de aquí, apostar por un proyecto de vida individual y colectivo que contribuya a la propia prosperidad y felicidad en el contexto de la prosperidad y felicidad de la mayoría.

Complejo misional de la universidad emergente: educación formal y educación popular.
Cabría emprender una reflexión desprejuiciada y profunda en torno al papel que le corresponde desempeñar a la institución universitaria de cara a este período transicional que vive nuestro País, Venezuela, transición de una sociedad liberal moderna a una sociedad fundada sobre las bases nuevas de la inclusión social, el protagonismo y la participación colectiva. ¿La educación formal, académica y la educación popular,  son visiones estratégicas del deber ser institucional? ¿Son compatibles estos dos escenarios pedagógicos? ¿Es operacionalmente viable la incorporación de colectivos vecinales y productivos a la dinámica de creación, promoción y aplicación del saber a partir de la Institución Universitaria? ¿Se puede ser académico y formal,  y al mismo tiempo amplio y flexible?

La respuesta a todas estas interrogantes está gestándose a partir de una estrategia de Estado que apunta a la profundización de la crisis de la Institución Universitaria Moderna, en el contexto del advenimiento de un Nuevo Estado,  expresión de lo que se conoció como la Quinta República.

Estructural y funcionalmente las Universidades e Institutos Universitarios de Tecnología,  respondían a los fines de la cultura moderna,  capitalista y neo liberal. Había que ensayar otro tipo de experiencias y proyectos educativos, y en función de la urgencia de esta tarea,  se crearon las Misiones Educativas, como escenarios emergentes para la formación de nuevos ciudadanos, según la idea esbozada ciento cincuenta años atrás por Simón Rodríguez: “No puede haber República sin Republicanos” y este nuevo republicano hay que formarlo a través de la educación revolucionaria, de la educación popular.

Se produjo entonces un movimiento pedagógico cuyas consecuencias todavía están por ser evaluadas, en sus implicaciones sociales, económicas e ideológicas. El Nuevo Estado debe ofrecer alternativas a unos modos y estrategias educativas conservadores y con un contenido ideológico contrario a los valores expresos en el texto de la Constitución de 1999.

Se gesta y empieza a consolidarse lo que se ha denominado Educación Bolivariana, a partir de estructuras académicas y docentes emergentes, orientadas a afianzar en el inconsciente colectivo los valores de nueva ciudadanía. El nuevo ciudadano, consustanciado con la equidad,  no solamente debe estar calificado para el trabajo, sino también,  y principalmente,  debía estar habilitado para la convivencia, para el protagonismo social,  desde una perspectiva corresponsable con las tareas del Nuevo Estado. Eso pasa por arraigar en este ciudadano los valores de la identidad nacional y latinoamericana, de la pertinencia de la economía sostenible y sustentable,  con el fin último de resguardar el patrimonio ecológico de la Nación.

Todavía es prematura una valuación sistemática y exhaustiva de un proceso de tan reciente data, no obstante se puede constatar un efecto poderoso de esta estrategia de Estado: los venezolanos y venezolanas hoy día se han incorporado masivamente al sistema educativo, de manera amplia, inclusiva, si restricciones ni discriminaciones.

 El analfabetismo está prácticamente erradicado de todo el territorio nacional, y las promociones de ciudadanos y ciudadanas que han concluido los planes de estudios de las Misiones Ribas y Vuelvan Caras,  son muy numerosas. Queda para el futuro la evaluación del  efecto potencial  que tales planes de estudio han de tener en el pensamiento crítico y la conciencia social colectiva en este enjambre de egresados.

A los efectos de la reflexión teórica, llama poderosamente la atención de que para que estos logros hayan fructificado se tuvo que improvisar, se tuvo que concebir y aplicar un conjunto de ensayos pedagógicos alternativos a la enseñanza formal académica, y esta disposición trascendente de estructuras cosificadas y normativas en proceso de decrepitud, debe ser asumida por la Universidad emergente para no sucumbir a la dinámica social del presente,  ávida de cambios, ávida de transformaciones realmente radicales.

Ahora bien, así como es cierto que en estos venezolanos y venezolanas se ha arraigado una gran expectativa hacia el cambio,  y que en ellos se  afianza progresivamente la esperanza y la fe en el futuro,  ello  no significa que sus expectativas tengan necesariamente que coincidir con la visión teleológica de Estado de un progreso social colectivo alterno al capitalismo, muchos venezolanos y venezolanas se identifican con una teleología social pensada en términos conservadores, incluso, muchos de ellos añoran una regresión a etapas ya superadas por la historia social reciente. El debate está allí presente, pero en la medida que tengamos los venezolanos mejores herramientas cognitivas y valorativas,  las posibilidades de engaño y manipulación tenderán a reducirse

Esta actitud expectante ha sido asumida por una gran mayoría de los venezolanos y de ella no están exentos los ciudadanos y ciudadanas que hacen vida institucional en la Universidad del presente, el estudiante de hoy, tanto como el obrero o el empleado administrativo y de servicios, posee un nivel de reflexión y de análisis más lúcido que antes del advenimiento de esta etapa de transformación de la República. Una de los logros de la presente gestión de  Estado tiene que ver con una suerte de catarsis colectiva, por  haber hecho aflorar a la superficie un debate político y social antes velado y reprimido.

Este debate social, económico e ideológico está tocando las bases organizativas y existenciales de la comunidad universitaria, la Institución no puede asumir una actitud de subestimación a esta realidad, porque está en juego su futuro institucional.

¿Y cuál ha de ser la nueva misión de la Institución Universitaria en este momento transicional, de crisis que vive el País?

Pues la de emprender una transformación implacable de su bases funcionales y estructurales, para lograr trascender ese saber cosificado, cristalizado, alienante y excluyente, que hace imposible el reconocimiento de sus actores esenciales como miembros de un misma comunidad académica, con idénticos y hermosos fines institucionales, tales como lo son la edificación de nueva ciudadanía: la propia y la del prójimo.

Para ello hay que descubrir que la propia humanidad reside también en la de los otros, nuestra identidad humana hay que descubrirla en la praxis de los otros y la identidad de nuestro prójimo, en la praxis propia. Este despliegue dialéctico es mucho más que un juego de palabras.

La comunidad vecinal y productiva, centro del quehacer pedagógico.
He aquí el punto de partida para acceder o recuperar la conciencia de la propia ciudadanía y la de los demás, como un ejercicio dialéctico de identidad.

Docentes y estudiantes, empleados, administrativos y de servicios,  y obreros somos idénticos y a la vez heterogéneos, aprender a discernir la condición de cada cual,  y a la vez advertir los hechos humanos trascendentales que nos hermanan,  es uno de los momentos iniciales de una suerte de terapia desalienante a la que estamos todos llamados, si queremos edificar una institución universitaria acorde con la necesidades y expectativas colectivas.

Es relativamente fácil para los universitarios ubicarnos en el contexto institucional de la comunidad laboral académica llamada Universidad, más inusual es la reflexión de cada quién y cada cual en el otro escenario,  en el que transcurre nuestra vida mientras no laboramos: el escenario social, ciudadano, comunitario. El gran descubrimiento es que somos vecinos a la vez que trabajadores o estudiantes de la Universidad.

¿Y qué tal si construimos un escenario pedagógico en el cual nos podemos colocar nosotros mismos en situación de aprendizaje, independientemente de nuestra condición de docentes? ¿Y qué tal si  colocáramos los estudiantes en condición de transmisores del saber? ¿Y qué tal si los obreros y empleados universitarios hacen valer sus potencias cognitivas y experienciales y también asumen un protagonismo pedagógico? ¿Y qué tal si los miembros de las comunidades vecinales y productivas también se incorporan a esta misión de creación, difusión y aplicación de saberes junto con los universitarios? ¿Y qué tal si se propicia el intercambio de roles?

Todo este escenario, de momento utópico,  desde la perspectiva institucional universitaria, es perfectamente viable si se adopta una perspectiva novedosa, revolucionaria desde el punto de vista pedagógico y se va pensando en una Universidad edificada desde un currículo cuya base no sean las cátedras sino los proyectos sociales de Estado, o vecinales o productivos.

Un escenario en el cual, por ejemplo, se evalúe el desempeño académico cognitivo,  en función de logros reales y concretos, que apunten a la solución de necesidades y expectativas del colectivo vecinal o productivo. Un escenario en el cual los conocimiento básicos se vayan  transmitiendo y adquiriendo de acuerdo a las necesidades del quehacer práctico. Si es necesario calcular, digamos,  la resistencia de los materiales a utilizar en una obra, que esta destreza sea incorporada al patrimonio cognitivo de los participantes según lo demande el proyecto mismo y no un ritual academicista, en el cual el cálculo es un enigma esotérico cuya única utilidad atribuida, tanto por docentes,  como por los  estudiantes de ingeniería, sea la de servir de filtro para limitar el egreso de nuevos profesionales,  y restringir por esta vía la competencia dentro del gremio.

Un nuevo escenario donde la creatividad de todos los actores esenciales del proceso científico tengan el mismo  derecho y oportunidad de ser tomados en cuenta, primeramente por su condición de miembros de la comunidad vecinal y productiva, tanto como por su condición de universitarios, en rol de estudiante o de trabajador, docente o no.

Es este el  natural contexto donde el profesor puede mirar cara a cara a su vecino, el cual puede ser, por ejemplo,  un estudiante de su universidad o un empleado o un obrero, o simplemente un ama de casa y reconocerle como su igual, como parte de sí mismo, en tanto miembro de su comunidad, y desde esa familiaridad,  humanizarse  y contribuir a la humanización de estos otros actores, sus vecinos, los cuales, a su vez, construirán una autoestima más equilibrada y edificante en su interacción personal y cognitiva con representantes de la comunidad académica.

¿Este encuentro interpersonal, interdisciplinario, interprofesional es viable en la realidad del presente?

Responder a esta cuestión es, por lo menos, comprometedor. Abrir por completo la institución universitaria a escenario de la vida social y cotidiana es hoy día poco viable, requiere de una voluntad política colectiva que hoy día es muy incipiente. Aunque existen experiencias puntuales en el escenario universitario del País, que pueden ser calificadas de alentadoras a este respecto, hay que tener muy en cuenta que no es fácil que los universitarios renuncien de la noche a la mañana a una cultura institucional y personal, que si bien no les edifica como seres humanos integrales, representa el día a día de sus usos y costumbres,  y en la que algunos de ellos, sobre todo los docentes,  detentan no pocos privilegios.

Para que esta  transformación se imponga como tendencia dominante es menester que la comunidad vecinal y productiva se apropie de la universidad como institución, la critique acerbamente,  y, en el ejercicio de la contraloría social  a la que debe tener acceso, demande su negación y superación. Lo ideal sería es que dentro del coro de esta demanda figuren las voces de  los universitario más conscientes y politizados, comprometidos con el cambio social, sin distingo de su condición de estudiantes o de trabajadores, docentes y no docentes.

Universidad emergente y currículo.
La edificación de la universidad emergente, con estructura y funciones realmente nuevas, revolucionarias, es posible. Requiere de un nuevo enfoque  inspirado en la cogestión interprofesional, académica y vecinal- comunitaria, y lo que es,  sin duda alguna,  vital, debe contar con nexos corporativos muy sólidos con las entidades planificadoras del Estado en materia social, sanitaria y productiva.

Los universitarios tendentes a la transformación profunda de la Institución,  debemos activar un proceso de construcción y consolidación de nuevas estructuras profesionales que trasciendan el ámbito meramente reivindicativo, como lo han sido las organizaciones sindicales tradicionales que nos han agrupado y apostar por otras alternativas.

Hoy día se está trabajando en función de constituir los Consejos de Trabajadores Universitarios, realidad organizativa que hay que ir conformando de manera sistemática y progresiva, desde una estrategia formativa y organizativa a corto y mediano plazo, en el entendido de que es necesario profundizar el proceso de discusión democrática y plural de esta iniciativa,  y de que se deben ir creando condiciones consensuadas para una plataforma de formación integral, política, gremial y profesional. La meta es la educación integral de todos los universitarios, una educación para la vida,  para el ejercicio de la nueva ciudadanía.

¿Es posible que la Institución asuma orgánicamente este proceso formativo? Si, es posible, si se entiende que tal estrategia no  ha responder a la improvisación y al inmediatismo, una empresa de tales dimensiones no se diseña con base de cursos, charlas o talleres. Es, por el contrario una experiencia vital,  personal,  que se irá gestando desde la unidad formativa y productiva que bien podría ser denominada Proyecto Institucional Factible. Esta estrategia pedagógica no es invento del autor, ha sido aplicada con relativo éxito en los planes de estudios de la Universidad Bolivariana de Venezuela y en la Misión Sucre. Se trata ahora de revisar sus alcances y fortalecerle como estrategia de mayor eficacia y extensión  a lo largo y ancho del País.

El Proyecto Institucional factible, unidad operativa y curricular básica de la Universidad Emergente.
La Universidad moderna  ha respondido a una estructura y unas funciones que reproducen una dinámica corporativa encerrada en sí misma, poco permeable a las necesidades y expectativas de los entornos extra académicos adyacentes e inmediatos.  Ya ha sido planteado que tal dinámica empobrece la condición humana de sus actores esenciales,  en el sentido de que se afianza en el extrañamiento, en el desencuentro con el carácter genérico, social y colectivo ínsito en la humanidad de estos sujetos, llámense estudiantes, docentes, obreros o trabajadores administrativos o de servicios.

Reivindicar la condición humana real y concreta de estos actores es la tarea más urgente a emprender por quienes pretendan convertirla, no solo en Institución al servicio del interés público, sino en herramienta de realización humana, profesional y convivencial de los propios universitarios, es decir en instrumento formativo des-alienador, de formación de una sólida conciencia ciudadana para ellos mismos.

Para que esta  realidad pueda fructificar han de irse promoviendo espacios de encuentro, de convivencia, de praxis corresponsable con la construcción, desde la ciencia aplicada, de una estructura universitaria, con sus correspondientes funciones,  que se afiance en la ontología compleja de todos estos actores, en lo que hay en ellos  de idénticos,  y a la vez, de  diversos,  como entidades dialécticas.

Partiendo de la anterior premisa,  la universidad debe ser transformada radicalmente, profundamente, revolucionariamente. Debe negarse como producto histórico de una modernidad que le mediatiza y anula como instrumento humanizador. Es necesario abrirse completamente a la influencia vivificante de la realidad extra universitaria para crear un espacio que sea al mismo tiempo académico y vivencial humano. Donde el universitario se active en su doble dimensión de intelectual y ciudadano del mundo de la vida, donde el vecino haga valer de su condición de intelectual y de creador de cultura, no solamente de usuario de los productos ilustrados de la institución científica.

En tal sentido se plantea,  como aporte para la reflexión y discusión,  la pertinencia de pensar que el currículo universitario se re-cree, se re-piense, se re-construya con base en las necesidades y expectativas de los colectivos vecinales y productivos, dentro de los cuales también se hayan inmersos los actores esenciales universitarios, por constituir escenarios o mundos de la vida de estos actores.

Retos Programáticos y Organizativos.
Es oportuno, en función de la reflexión teórica que se pretende promover,  evidenciar un puñado de los problemas de mayor trascendencia a la hora de intentar llevar a cabo una propuesta de pedagogía social,  inspirada en los principios y valores de la Universidad emergente, para concebir y aplicar una propuesta curricular que responda a la doble dinámica formativa ciudadana concerniente al ámbito académico y al del mundo real,  productivo y comunitario.

Si se parte del entendido de que el ciudadano que se pretende formar es un ciudadano integral, un ciudadano habilitado para construir su realidad material a través de la producción, capaz de generar prosperidad y abundancia, en un contexto de equidad, corresponsabilidad y participación colectivas, entonces hay que ser versátiles, amplios e inclusivos, democráticos y creativos. En consecuencia hay que iniciar la reflexión partiendo del reino de la necesidad.

Las necesidades y expectativas del colectivo tendrán que ser el punto central, básico, primitivo. Las Instituciones Educativas y con más razón las Universidades deben estar en sintonía con las líneas estratégicas diseñadas por el Estado en materia de desarrollo social y económico, en cuanto instituciones al servicio del interés público que ellas son. De la misma manera deben replantearse los mecanismos de participación de los actores esenciales de la dinámica de creación, difusión y aplicación del saber, los trabajadores universitarios, incluidos los docentes, los estudiantes y los miembros de la comunidad vecinal y productiva.

Este nuevo escenario, en sus implicaciones teleológicas, encierra no pocas incertidumbres e inquietantes decisiones que se vislumbran en términos de construir una nueva universidad, una universidad revolucionaria.

Se trata de pensar y erigir escenarios organizativos y normativos que hagan posible que los trabajadores, por definición, protagonistas y constructores de la nueva sociedad, y en este caso los trabajadores universitarios, organizados en su Consejo  respectivo,  asuman el reto del compromiso y la participación protagónica de la dinámica de creación, difusión y aplicación del saber, incluido dentro de éste  el saber científico. Se trata de pensar y erigir escenarios viables para que la comunidad vecinal y productiva tenga voz y voto en las decisiones de la Academia, para que realmente se la apropie y la haga suya, de igual manera iniciar una tenaz e intensa campaña educativa para que los estudiantes comprendan el tremendo compromiso que tienen como agentes de su propia formación integral y como calificados servidores de la comunidad vecinal y productiva. En otras palabras para construir espacios comunicantes en los que inter actúen la educación formal y la educación popular, como ámbitos complementarios y potenciales artífices del tránsito pertinente y  humanizador, del reino de la necesidad, al reino de la oportunidad y de la plenitud colectiva.

Referencias:
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